Historia de un lugar único que aún estamos a tiempo de cuidar
Autoría: Cesáreo Cueva Infante
Fecha: Jueves, 01 de octubre

Mapa: Erixc Cueva Infante
En las profundidades de Cajamarca, donde el río Chonta ha esculpido durante milenios imponentes paredes de piedra caliza que parecen rozar las nubes, se despliega el cañón de Sangal. Este escenario de belleza prehistórica, situado entre los distritos de Los Baños del Inca y La Encañada, abarca un territorio de 3,745 hectáreas que se elevan firmes entre los 2,750 y 3,300 metros sobre el nivel del mar.
Más que un simple accidente geográfico o un paisaje de sobrecogedora estética, Sangal es un ecosistema vital donde la naturaleza ha hallado un equilibrio único; un refugio donde plantas silvestres y flores cromáticas desafían la altitud y el viento para aferrarse a los riscos. Sin embargo, este santuario es también el epicentro de una crisis biológica de escala global. Hoy, la supervivencia de especies únicas se encuentra amenazada por un modelo de desarrollo que prioriza el metal y el concreto sobre la riqueza biológica de este santuario. En este contexto, el cañón del río Chonta se convierte en un símbolo de la lucha por la vida en el corazón de las montañas peruanas.
En este lugar vive una de las aves que solo existen en el Perú: el cometa de vientre gris (Taphrolesbia griseiventris), un pequeño colibrí que no se encuentra en ningún otro lugar del mundo. Por eso se dice que es una especie endémica del Perú.
Este hermoso colibrí vive en pocos lugares del país, principalmente en la región Cajamarca. Uno de sus hábitats más importantes es el cañón del río Chonta (Sangal), donde se ha confirmado su presencia y su reproducción. Este lugar es muy importante para esta especie porque allí encuentra todo lo que necesita para vivir: plantas silvestres con néctar para alimentarse (lirio araña, salvia, poro poro de mosca, ada, shayac, campanilla, zarza mora, y orquídeas como la caña caña), matorrales donde refugiarse y el clima propio de la sierra norte que le permite desarrollarse y mantener sus poblaciones.
La ciencia y las autoridades deben actuar para proteger Sangal y asegurar que el agua y la biodiversidad no se pierdan
En otras regiones del Perú, su presencia es muy rara. Por ejemplo, en La Libertad se han registrado algunos avistamientos aislados, como los reportados por Cuadros Díaz (2023) en Bird Conservation International, pero no se ha comprobado la existencia de poblaciones estables allí. Por eso, se considera que Cajamarca es el principal lugar donde vive esta especie.

Fotos: Cesáreo Cueva Infante
En cambio, no se encuentra en el centro ni en el sur del Perú porque en esas zonas no existen las condiciones naturales que necesita para asegurar su existencias tales como las plantas de las que se alimenta o el clima adecuado para su desarrollo.
Lamentablemente, el cometa de vientre gris está en peligro de desaparecer. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo ha clasificado como “En Peligro (EN)”. En el Perú también está protegido por el Estado mediante el Decreto Supremo N.° 004-2014-MINAGRI (actualmente Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego – MIDAGRI), que reconoce su importancia y necesidad de conservación. Esto quiere decir algo muy claro: si perdemos su hogar en lugares como Sangal, esta especie podría desaparecer para siempre del planeta.
Sin embargo, Sangal no es importante solo por el colibrí. Según el estudio del investigador Manuel Roncal Rabanal denominado Guía de aves del cañón del río Chonta, Cajamarca, Perú (2020), en este lugar viven al menos 95 especies de aves, como el águila andina, el trepador terrestre, la colaespina de corona oxidada, el pinzón inca, la metalura negra y el colibrí gigante. Todas estas aves dependen del agua, de las plantas y del equilibrio del lugar. Sangal es como una gran casa donde muchas vidas están conectadas.
El cañón del río Chonta alberga una gran diversidad de plantas medicinales como el coñor rosado, la caña caña y la andacushma
El cañón del río Chonta (Sangal) forma parte de la cuenca del río Chonta, tributario de la subcuenca del río Cajamarquino y de la cuenca Crisnejas, perteneciente a la macrocuenca del Marañón. Esta última está integrada en la gran cuenca amazónica. Su desembocadura final es el océano Atlántico. El agua que nace en las partes altas de los cerros desciende por pequeños riachuelos y alimenta los ríos que utilizan las comunidades para sus distintas actividades. Proviene de zonas donde también existe actividad minera, como áreas cercanas a Minera Yanacocha, así como de espacios vinculados a proyectos mineros como Conga y El Galeno. Por ello, cualquier alteración en estos territorios puede afectar directamente la calidad y disponibilidad del agua, así como las plantas, los animales y la vida de las personas que dependen de este ecosistema.
Asimismo, cabe añadir que el cañón del río Chonta alberga una gran diversidad de plantas medicinales, como el coñor rosado, utilizado tradicionalmente para aliviar afecciones bronquiales; la caña caña, empleada por las comunidades para tratar problemas de la próstata; y la andacushma, valorada por sus propiedades desinflamantes para los riñones. Estas son solo algunas de las especies que, desde generaciones atrás, son utilizadas por las poblaciones de sus alrededores para aliviar dolencias y tratar diversas enfermedades.
En estos ecosistemas altoandinos crecen numerosas especies silvestres apreciadas por sus propiedades curativas, las cuales forman parte de los conocimientos tradicionales y de la medicina natural practicada por las familias campesinas de la zona. Asimismo, muchas de estas plantas representan una fuente de sustento económico para las familias cercanas a este santuario biológico, quienes las recolectan y comercializan en el Mercado Central de Cajamarca y en distintos herbolarios, permitiendo que sus beneficios lleguen no solo a las comunidades aledañas, sino también a gran parte de la población cajamarquina e incluso a ciudades de la costa peruana.
El riesgo es claro. Por un lado, la posible contaminación del agua con metales pesados; por otro, el proyecto de la presa Chonta, que podría inundar partes del cañón, afectar los espacios donde viven las aves y alterar el equilibrio natural. Incluso podría convertirse en un lugar donde se acumulen aguas contaminadas.
Todo esto no solo afecta a los animales. También pone en riesgo el agua que usan las comunidades.
Defender el cañón del río Chonta (Sangal) es defender la vida. La ciencia y las autoridades deben actuar para proteger este lugar y asegurar que el agua y la biodiversidad no se pierdan. Cuidar la jalca y sus lagunas frente a proyectos como Conga y El Galeno es proteger las fuentes de agua que alimentan los ríos, el hogar del cometa de vientre gris y el bienestar de nuestras comunidades.
Si perdemos Sangal, no solo perdemos un lugar: perdemos parte de nuestro futuro.