La contaminación de las fuentes de agua por actividades mineras formales, informales e ilegales continúa amenazando la salud de las comunidades y el equilibrio de los ecosistemas en diversas regiones del Perú. Esta problemática se agrava ante la llegada del Fenómeno El Niño, que puede provocar lluvias intensas, inundaciones y huaicos, poniendo en mayor riesgo a las poblaciones y sus fuentes de agua.

Ante este escenario, y la débil presencia estatal, las comunidades se organizan para defender el agua, proteger a sus familias y preservar sus territorios para las futuras generaciones. Una de estas formas de organización es la vigilancia y el monitoreo ambiental comunitario, una labor que permite observar y evaluar la calidad del agua, generar información desde los territorios y alertar sobre posibles casos de contaminación.

Con el objetivo de fortalecer las capacidades de vigilancia, articulación local y nacional e incidencia política de quienes realizan esta labor, los días 7, 8 y 9 de noviembre se realizará en Lima el VI Encuentro Nacional de Vigilantes y Monitores Ambientales Comunitarios, que reunirá a más de 50 representantes del norte, centro y sur del país. Durante el encuentro, impulsado por la Coordinadora Nacional de Vigilantes y Monitores Ambientales Comunitarios, con el acompañamiento de organizaciones de la sociedad civil, se compartirán experiencias y se construirán propuestas y alertas tempranas frente a los desafíos de la crisis climática, la transición energética global y la flexibilización de las normas ambientales.

Asimismo, el tercer día se desarrollará el conversatorio “Cabeceras de cuenca y el rol de los vigilantes y monitores ambientales comunitarios”, en el que se dará a conocer a diputados y diputadas una iniciativa legislativa orientada a institucionalizar y articular la vigilancia ambiental comunitaria.

En un contexto de sequías en el sur del país y profundización de la crisis climática, la labor de los vigilantes y monitores ambientales comunitarios también resulta fundamental para alertar sobre las amenazas a las fuentes de agua y contribuir a la protección de las cabeceras de cuenca. Su conservación es indispensable para garantizar la disponibilidad de agua de calidad y en cantidad suficiente para las comunidades y las poblaciones que dependen de ellas, así como para el desarrollo de actividades esenciales como la agricultura, la ganadería y el consumo humano.