
Autores: Cesáreo Cueva Infante y Ericxs L. Cueva Infante
Edita: Grupo de Formación e Intervención para el Desarrollo Sostenible (GRUFIDES) e Ingeniería Sin Fronteras
Año: 2019
Resumen: Cuando uno lleva una vida encarrerada y le viene un dolorcito de cabeza, estómago o tos y gripe no le va quedando más remedio que acudir a la medicina química. Pero lo primero que debiera hacerse es ver que ha prodigado la naturaleza, atendiendo el conocimiento de personas confiables. Hay que llevarse bien con la naturaleza. La medicina natural, cuya sabiduría se ha transmitido de generación en generación a través de los abuelos, es una solución alternativa a un mundo cada vez más sintético, caro y contaminado. Pero uno no puede tomar medicina por su cuenta aunque se diga que es natural.
No, nunca, siempre es necesario atender la sabiduría de los ancianos del pueblo o las investigaciones científicas de los naturalistas, y les hablo de esos sabios que no rigen su quehacer por las fuerzas del dinero. “La dosis define la diferencia entre lo que cae bien y lo que hace mal”, dijo Teofrasto, un químico botánico de la edad media. La presión por acumular pisto hace que mucha publicidad sea engañosa, y de esa cuenta los traviesos se inventan enfermedades para vender medicina artificial. Algunas veces sin prescripción médica y sin advertir las consecuencias, ante tal situación hay que mantenerse siempre avispado.
Los caseríos de Cushunga, Mahuaypampa-Chetilla y Celendín son caseríos ricos en biodiversidad, y esta investigación sobre: ”Plantas medicinales ”, rescata el conocimiento tradicional para la cura de enfermedades.