Miércoles, 25 de marzo de 2026

Mientras se sigue insistiendo en presentar a Cajamarca como una potencia en minería, crece la preocupación por la protección de las fuentes de agua.
El Día Mundial del Agua es una fecha establecida por las Naciones Unidas desde 1992 y se celebra cada 22 de marzo, con la intención de crear consciencia sobre la importancia del agua dulce y promover su uso responsable en todo el planeta.
Según la United States Geological Survey, de toda el agua del planeta, alrededor del 2,5 % es agua dulce y solamente una pequeña parte se encuentra disponible para el uso humano, la otra parte se encuentra en glaciares y en acuíferos subterráneos de difícil acceso.
Pero, a pesar de la importancia de conmemorarse el Día Mundial del Agua, en Cajamarca la discusión no termina el 22 de marzo. En una región donde nacen grandes fuentes de agua que abastecen a miles de familias y comunidades enteras para sus actividades diarias y para el uso doméstico, la discusión en torno al cuidado del agua sigue siendo un tema central debido a la amenaza que representa el incremento de las actividades mineras legales, informales e ilegales en toda la región.
Al mismo tiempo que un sector empresarial discute sobre las grandes posibilidades y oportunidades que tiene Cajamarca para competir contra el mundo por inversión minera y ser la gran potencia en extracción de minerales, poniendo el “desarrollo” como tema principal en la agenda política y proponiendo temas como la transición energética para contrarrestar los alarmantes índices de pobreza en nuestra región, a pesar de ser una de las regiones con más minería en el país. Gran parte de la población ya no discute si llegará ese “desarrollo” a sus territorios, sino sobre la importancia de cuidar y preservar las fuentes naturales de agua, como cabeceras de cuenca, ríos, manantiales y lagunas. Bienes básicos para su subsistencia humana.
Tras décadas de minería en nuestra región —una actividad cuyas primeras víctimas han sido el suelo y el agua— y luego de observar cómo las riquezas se concentran en pequeños grupos de poder que se sostienen por la correlación extendida, la población ha ido perdiendo la esperanza en ese desarrollo económico del que tanto se habla, mientras la pobreza y la devastación ecológica se vuelven estructurales.
Esta realidad no puede ser reducida a la explicación de los grupos empresariales y sus “expertos”, quienes sostienen que la responsabilidad recae únicamente en gobernantes con escasa capacidad de gestión y proyectos públicos mal diseñados y mal fiscalizados. Postura que resulta bastante reduccionista frente a la complejidad del desarrollo sostenible y al papel central que tiene la gestión del agua, una verdad que las rondas campesinas y los defensores ambientales saben mejor que “sus expertos” y propagandistas mediáticos.
¿Sería esta una manera de invisibilizar a los cuestionamientos de las comunidades? Las comunidades no solamente cuestionan el desarrollo económico, sino también; los incumplimientos de compromisos, la falta de transparencia, los tratos desiguales y, sobre todo, el acceso al agua. Decir que la responsabilidad recae solamente en el Estado, resulta una visión bastante limitada.
Es importante mencionar que, los altos índices de corrupción y las leyes a favor de economías ilegales aprobadas recientemente, favorecen aún más el preocupante escenario para el cuidado del agua, y donde la minería ilegal encuentra un clima propicio para su propagación en nuestra región. Quedando las comunidades campesinas e indígenas obligadas a defender sus territorios y fuentes de agua frente a estas amenazas ante el clásico desamparo del estado.
Ante estos desafíos, han surgido iniciativas comunitarias para vigilar y proteger las fuentes de agua. Estudiantes, docentes, organizaciones sociales y sociedad civil; participan en procesos de monitoreos ambientales para conocer la salud de sus ríos. Basándose en indicadores biológicos como la presencia de macroinvertebrados. Estas experiencias demuestran que la defensa del agua no solamente es una demanda social, sino un intercambio colectivo de conocimiento y participación ciudadana.
Por ello, en el Día Internacional del Agua, recordamos los permanentes desafíos a los que se enfrentan nuestras comunidades y su incansable labor en la defensa de este preciado bien. En un territorio donde se originan importantes fuentes de agua que abastecen a miles de familias y con una impresionante biodiversidad, la discusión no debería centrarse en cómo extraer más mineral, sino en cómo garantizar el acceso al agua limpia y la conservación para las futuras generaciones.